lunes, 21 de noviembre de 2011

7 000 000 000
DICIEMBRE 2 011


Antes del siglo XX ninguna persona vivía lo suficiente para ver duplicada la población mundial, pero hoy hay quienes la han visto triplicarse. Según cálculos de la División de Población  de Naciones Unidas (ONU), para fines de 2011 seremos 7 000 millones.
La causa no sólo es que ahora vivimos más tiempo, sino que hay tantas mujeres (1 800 millones) alcanzando la edad reproductiva en el mundo que la población está condenada a seguir aumentando durante varias décadas. Para el 2050, la cifra total podría elevarse a 10 500 millones o detenerse en 8 000 (diferencia equivalente a, más o menos, un hijo por mujer).
 Es difícil no alarmarse frente a un crecimiento poblacional que, hoy, es de alrededor de 80  millones de individuos al año. Los mantos freáticos se agotan, la erosión del suelo avanza, los glaciares se derriten y nuestras reservas de peces desaparecen. Casi 1000 millones de personas padecen hambre a diario y en unas cuantas décadas tendremos que alimentar 2000 millones de bocas adicionales, sobre todo en países pobres. ¿Cómo funcionara esto exactamente?

El proceso comenzó con la evolución de lo que hoy denominamos países desarrollados. La diseminación de cultivos imaginarios del Nuevo Mundo, como el maíz y la papa, aunada al descubrimiento de los fertilizantes químicos, contribuyó a erradicar el hambre. Desde mediados del siglo XIX el alcantarillado canalizó los desechos humanos lejos del agua potable, la cual empezó a someterse a los procesos de filtración y cloración que redujeron de forma impresionante la propagación del cólera y la tifoidea.
Edward Jenner descubrió una vacuna contra la viruela: la primera y más importante de una colección de inoculaciones y antibióticos que, con las mejoras en nutrición y saneamiento, duplicarían la expectativa de vida de las naciones industrializadas (de 35 años a 77 actualmente).
Para 1968, la Revolución Verde permitió duplicar la producción de grano al extremo de que, aunque hoy muchas personas padecen desnutrición, las hambrunas masivas son esporádicas.
Después de la Segunda Guerra Mundial, los países en desarrollo recibieron la penicilina, la vacuna contra la viruela y el DDT (que evito que millones murieran de malaria) llegaron a esas regiones haciendo que la expectativa de vida en la India pasara de 38 años en 1952 a 64 años en la actualidad, mientras que los chinos, que antes vivan un promedio de 41 años, hoy puedan celebrar su cumpleaños 73. Es por eso que la explosión demográfica se ha propagado: porque gran cantidad de personas se salvaron de morir. Pero también porque durante algún tiempo, las mujeres mantuvieron elevada la tasa de natalidad. No obstante, el tamaño de las familias se ha reducido drásticamente a escala global y, según diversas proyecciones de la ONU, el mundo alcanzara la taza de remplazo (cociente entre el índice de juventud y el  índice de vejez, cuanto más alto sea su valor más fácil será que la población crezca en el futuro) hacia el 2030.
El grueso de la población se encamina hacia la no explosión, algo muy positivo; lo negativo es que 2030 se encuentra a escasas dos décadas de distancia y la generación  de adolescentes más numerosa en la historia iniciara entonces su etapa reproductiva, de modo que aun cuando esas mujeres tengan solo dos hijos, la población continuara su impulso ascendente durante otro cuarto de siglo. ¿Aprenderemos a sobrevivir en circunstancias más humanitarias sin destruir el medio ambiente?
Si en 2045 hubiera 9000 millones de personas distribuidas en los cinco continentes habitables, la densidad poblacional seria poco más de la mitad registrada actualmente en Francia, país que no suele considerarse una pesadilla demográfica. ¿Acaso el mundo será un infierno poblacional para entonces? Hoy día existen 21 ciudades cuyas poblaciones superan los 10 millones de personas y para el 2050 la cifra será mucho mayor. Con justificada razón muchas personas temen que el planeta sea incapaz de alimentar a 9000 millones de personas. Lester Brown, director de  Earth Policy Institute en Washington, considera que la  escasez de alimentos podría precipitar el colapso de la civilización global. Brown argumenta que estamos erosionando el suelo y agotando los acuíferos con mayor celeridad de lo que pueden recuperarse. En breve, esta combinación de factores restringirá la producción alimentaria. “el punto más apremiante de la agenda global es remediar el problema de la falta de planificación familiar”, de suerte que si no reducimos la fecundidad para mantener la población mundial en  un total de 8000 millones, es muy posible que aumente la tasa de mortalidad.
Pero también podemos llegar a otra conclusión: fijar la cifra poblacional no es la mejor manera de hacer frente al futuro. Las personas que viven hacinadas en asentamientos irregulares necesitan ayuda, pero lo que debemos atacar es la pobreza y la falta de infraestructura, no la sobrepoblación. Es una buena idea que todas las mujeres tengan acceso a los servicios de planificación familiar. No obstante, el programa de control poblacional más agresivo que podemos imaginar no salvara a Bangladesh del crecimiento del nivel del mar, ni evitara otro genocidio en Ruanda, ni nos salvará de nuestros terribles problemas ambientales.
Un ejemplo es el calentamiento global. Las emisiones de carbono derivadas del combustible fósil aumentan con mayor rapidez en China debido, en gran medida, a su prolongado florecimiento económico; pero la fecundidad de ese país ya se encuentra por debajo del nivel de reemplazo, de modo que no hay mucho que pueda hacerse para controlar su población. En lugares donde el crecimiento de la población es más acelerado, como África subsahariana, las emisiones de carbono por individuo equivalen apenas una fracción del porcentaje generado por cada estadounidense, de manera que el control poblacional no tendrá gran impacto en el clima. Brian O´Neill, del Centro Nacional para la Investigación Atmosférica de Estados Unidos, ha calculado que si, en vez de 8900 millones, la población mundial sumara 7400 millones en 2050, las emisiones de carbono disminuirían en 15%. “Quienes afirman que la población es el problema principal se equivocan. Ni siquiera es un factor dominante”.
Para frenar el calentamiento global tenemos que cambiar los combustibles fósiles por fuentes de energía alternativa, independientemente del tamaño que adquiera la población.
Por supuesto, la cantidad de personas es relevante, pero lo es más el consumo de recursos naturales, el reto principal para el futuro del planeta y la humanidad estriba en hacer que más personas salgan de la pobreza y reducir, al mismo tiempo, el impacto ambiental de cada individuo.
El Banco Mundial predice que, en 2030, más de 1000 millones de habitantes de países desarrollados formaran parte de la “clase media global”, arriba de los 400 millones en 2050. Es una buena noticia. Sin embargo, las presiones para el planeta serán enormes, si esos individuos comen tanta carne y conducen tantos vehículos de gasolina como hacen los estadounidenses en la actualidad. Es demasiado tarde para impedir el nacimiento de la clase media del 2030, pero no para cambiar la forme en que, tanto ellos como nosotros, producimos y consumimos alimentos y energía. Para mi es mucho más razonable comer menos carne que ordenar: tengan menos hijos!
¿Cuántos humanos puede sostener la Tierra? Desde hace siglos, los pesimistas poblacionales han hecho advertencias apocalípticas a los optimistas congénitos, quienes tienen la firme confianza en que humanidad siempre encontrará los medios para superar la adversidad y mejorar su destino. Hasta ahora la historia ha favorecido a los optimistas, mas la historia no es directriz infalible para el futuro. Tampoco la ciencia, ya que no puede vaticinar el resultado debido a que los factores (cuantas persona habrá y como viviremos) dependen de las decisiones que vamos a tomar y de las ideas que están por surgir.
En ese sentido yo, Manuel Támara O. propongo: garantizar que todos los niños estén lo suficientemente nutridos para recibir la educación que precisan para resolver las dificultades que enfrentaran como adultos. Eso cambiaría el futuro significativamente.

Los esfuerzos que los hombres consideran necesarios para sostenerse a sí mismos o a sus familias a menudo despiertan facultades que, de lo contrario, permanecerían latentes, y es de todos sabido que las situaciones nuevas y extraordinarias suelen dar origen a intelectos adecuados para contener con las dificultades que encuentran.
Estamos a punto de ser 7000 millones; 9000 para 2045. Esperemos que Malthus no haya errado al hablar favorablemente de nuestra inventiva.


jueves, 3 de noviembre de 2011

PRODUCTIVIDAD INSOSTENIBLE

En teoría económica, uno de los factores clave para el incremento de la productividad es el aporte de la ciencia y la tecnología. En el Perú, si bien en los últimos años se registran avances en el crecimiento de la productividad, estos lamentablemente no se deben,  a este factor.
Es más, ni siquiera contamos con cifras actualizadas sobre cuanto se destina del PBI a la ciencia, la tecnología y la innovación; como si esto fuera poco solo el 2% de la inversión mundial en investigación y desarrollo tiene lugar en los países latinoamericanos y caribeños. El último dato que se tiene certeza es el que consigna la Unesco, que para el año 2007 señalaba que el Perú destina el 0,1% del PBI a la innovación y la tecnología, con lo que ocupa los últimos lugares en la región. Brasil destina 1% del PBI; Chile, el 0,7%; y hasta Bolivia nos  supera con 0,3%.
Todos estos países tienen una definición más clara de políticas públicas para ese fin, además de mayor participación de universidades y empresas. Todo ello está ausente en el Perú, salvo lo poco que puede hacer la Concytec.
Pero no todo es malo se están encendiendo algunas luces. El gobierno decidió darle importancia al tema, el ministerio de Economía y Finanzas (MEF) hace hincapié en el mismo Marco Macroeconómico Multianual la nueva dirección de Ceplan pretende que salga de la marginalida y el Congreso creo la comisión de Ciencia y Tecnología. A nivel de las Universidades se recobró el interés. Es así que algunas instituciones de educación superior han buscado repatriar científicos peruanos y vincular  la educación con el sector empresarial y otras están pasando por la certificación.
Sin embargo, el esfuerzo de las pocas políticas públicas no han tenido la receptividad que se debía esperar. La legislación del canon y las regalías establece asignar recursos a las universidades para el desarrollo de la innovación, pero hay una pobre ejecución de los mismos. Cerca de S/. 750 millones figuran en las cuentas de las universidades públicas que no se han usado. El MEF lo atribuye, entre otras razones, a la falta de incentivos y de vinculación de los centros de educación superior con el aparato productivo.
Ante todo esto la creación de un ministerio de ciencia y tecnología no necesariamente es el mejor remedio para superar el abandono del tema. Por eso ha hecho bien el Gobierno en formar una comisión de expertos para evaluar mejor la conveniencia  de un ministerio; siempre y cuando haya una mejor coordinación de los diferentes organismos públicos vinculados con el tema.
Si bien es importante que la política de ciencia y tecnología se asocie a la mejora de la competitividad del país y al aparato productivo nacional, no es suficiente si no se genera una masa crítica en las universidades.
La próxima CADE tienen como tema central la innovación, por lo que puede ser un punto de encuentro del sector empresarial con el desarrollo de la ciencia y la tecnología para que deje de ser un tema marginal y solo de diagnostico.
Los decentes comprometidos con la formación de cada estudiante debemos de ser capaces de sembrar en  nuestros pupilos la semilla del descubrimiento, de la investigacón e innovación. Formando actores  de una sociedad competitiva.