lunes, 21 de noviembre de 2011

7 000 000 000
DICIEMBRE 2 011


Antes del siglo XX ninguna persona vivía lo suficiente para ver duplicada la población mundial, pero hoy hay quienes la han visto triplicarse. Según cálculos de la División de Población  de Naciones Unidas (ONU), para fines de 2011 seremos 7 000 millones.
La causa no sólo es que ahora vivimos más tiempo, sino que hay tantas mujeres (1 800 millones) alcanzando la edad reproductiva en el mundo que la población está condenada a seguir aumentando durante varias décadas. Para el 2050, la cifra total podría elevarse a 10 500 millones o detenerse en 8 000 (diferencia equivalente a, más o menos, un hijo por mujer).
 Es difícil no alarmarse frente a un crecimiento poblacional que, hoy, es de alrededor de 80  millones de individuos al año. Los mantos freáticos se agotan, la erosión del suelo avanza, los glaciares se derriten y nuestras reservas de peces desaparecen. Casi 1000 millones de personas padecen hambre a diario y en unas cuantas décadas tendremos que alimentar 2000 millones de bocas adicionales, sobre todo en países pobres. ¿Cómo funcionara esto exactamente?

El proceso comenzó con la evolución de lo que hoy denominamos países desarrollados. La diseminación de cultivos imaginarios del Nuevo Mundo, como el maíz y la papa, aunada al descubrimiento de los fertilizantes químicos, contribuyó a erradicar el hambre. Desde mediados del siglo XIX el alcantarillado canalizó los desechos humanos lejos del agua potable, la cual empezó a someterse a los procesos de filtración y cloración que redujeron de forma impresionante la propagación del cólera y la tifoidea.
Edward Jenner descubrió una vacuna contra la viruela: la primera y más importante de una colección de inoculaciones y antibióticos que, con las mejoras en nutrición y saneamiento, duplicarían la expectativa de vida de las naciones industrializadas (de 35 años a 77 actualmente).
Para 1968, la Revolución Verde permitió duplicar la producción de grano al extremo de que, aunque hoy muchas personas padecen desnutrición, las hambrunas masivas son esporádicas.
Después de la Segunda Guerra Mundial, los países en desarrollo recibieron la penicilina, la vacuna contra la viruela y el DDT (que evito que millones murieran de malaria) llegaron a esas regiones haciendo que la expectativa de vida en la India pasara de 38 años en 1952 a 64 años en la actualidad, mientras que los chinos, que antes vivan un promedio de 41 años, hoy puedan celebrar su cumpleaños 73. Es por eso que la explosión demográfica se ha propagado: porque gran cantidad de personas se salvaron de morir. Pero también porque durante algún tiempo, las mujeres mantuvieron elevada la tasa de natalidad. No obstante, el tamaño de las familias se ha reducido drásticamente a escala global y, según diversas proyecciones de la ONU, el mundo alcanzara la taza de remplazo (cociente entre el índice de juventud y el  índice de vejez, cuanto más alto sea su valor más fácil será que la población crezca en el futuro) hacia el 2030.
El grueso de la población se encamina hacia la no explosión, algo muy positivo; lo negativo es que 2030 se encuentra a escasas dos décadas de distancia y la generación  de adolescentes más numerosa en la historia iniciara entonces su etapa reproductiva, de modo que aun cuando esas mujeres tengan solo dos hijos, la población continuara su impulso ascendente durante otro cuarto de siglo. ¿Aprenderemos a sobrevivir en circunstancias más humanitarias sin destruir el medio ambiente?
Si en 2045 hubiera 9000 millones de personas distribuidas en los cinco continentes habitables, la densidad poblacional seria poco más de la mitad registrada actualmente en Francia, país que no suele considerarse una pesadilla demográfica. ¿Acaso el mundo será un infierno poblacional para entonces? Hoy día existen 21 ciudades cuyas poblaciones superan los 10 millones de personas y para el 2050 la cifra será mucho mayor. Con justificada razón muchas personas temen que el planeta sea incapaz de alimentar a 9000 millones de personas. Lester Brown, director de  Earth Policy Institute en Washington, considera que la  escasez de alimentos podría precipitar el colapso de la civilización global. Brown argumenta que estamos erosionando el suelo y agotando los acuíferos con mayor celeridad de lo que pueden recuperarse. En breve, esta combinación de factores restringirá la producción alimentaria. “el punto más apremiante de la agenda global es remediar el problema de la falta de planificación familiar”, de suerte que si no reducimos la fecundidad para mantener la población mundial en  un total de 8000 millones, es muy posible que aumente la tasa de mortalidad.
Pero también podemos llegar a otra conclusión: fijar la cifra poblacional no es la mejor manera de hacer frente al futuro. Las personas que viven hacinadas en asentamientos irregulares necesitan ayuda, pero lo que debemos atacar es la pobreza y la falta de infraestructura, no la sobrepoblación. Es una buena idea que todas las mujeres tengan acceso a los servicios de planificación familiar. No obstante, el programa de control poblacional más agresivo que podemos imaginar no salvara a Bangladesh del crecimiento del nivel del mar, ni evitara otro genocidio en Ruanda, ni nos salvará de nuestros terribles problemas ambientales.
Un ejemplo es el calentamiento global. Las emisiones de carbono derivadas del combustible fósil aumentan con mayor rapidez en China debido, en gran medida, a su prolongado florecimiento económico; pero la fecundidad de ese país ya se encuentra por debajo del nivel de reemplazo, de modo que no hay mucho que pueda hacerse para controlar su población. En lugares donde el crecimiento de la población es más acelerado, como África subsahariana, las emisiones de carbono por individuo equivalen apenas una fracción del porcentaje generado por cada estadounidense, de manera que el control poblacional no tendrá gran impacto en el clima. Brian O´Neill, del Centro Nacional para la Investigación Atmosférica de Estados Unidos, ha calculado que si, en vez de 8900 millones, la población mundial sumara 7400 millones en 2050, las emisiones de carbono disminuirían en 15%. “Quienes afirman que la población es el problema principal se equivocan. Ni siquiera es un factor dominante”.
Para frenar el calentamiento global tenemos que cambiar los combustibles fósiles por fuentes de energía alternativa, independientemente del tamaño que adquiera la población.
Por supuesto, la cantidad de personas es relevante, pero lo es más el consumo de recursos naturales, el reto principal para el futuro del planeta y la humanidad estriba en hacer que más personas salgan de la pobreza y reducir, al mismo tiempo, el impacto ambiental de cada individuo.
El Banco Mundial predice que, en 2030, más de 1000 millones de habitantes de países desarrollados formaran parte de la “clase media global”, arriba de los 400 millones en 2050. Es una buena noticia. Sin embargo, las presiones para el planeta serán enormes, si esos individuos comen tanta carne y conducen tantos vehículos de gasolina como hacen los estadounidenses en la actualidad. Es demasiado tarde para impedir el nacimiento de la clase media del 2030, pero no para cambiar la forme en que, tanto ellos como nosotros, producimos y consumimos alimentos y energía. Para mi es mucho más razonable comer menos carne que ordenar: tengan menos hijos!
¿Cuántos humanos puede sostener la Tierra? Desde hace siglos, los pesimistas poblacionales han hecho advertencias apocalípticas a los optimistas congénitos, quienes tienen la firme confianza en que humanidad siempre encontrará los medios para superar la adversidad y mejorar su destino. Hasta ahora la historia ha favorecido a los optimistas, mas la historia no es directriz infalible para el futuro. Tampoco la ciencia, ya que no puede vaticinar el resultado debido a que los factores (cuantas persona habrá y como viviremos) dependen de las decisiones que vamos a tomar y de las ideas que están por surgir.
En ese sentido yo, Manuel Támara O. propongo: garantizar que todos los niños estén lo suficientemente nutridos para recibir la educación que precisan para resolver las dificultades que enfrentaran como adultos. Eso cambiaría el futuro significativamente.

Los esfuerzos que los hombres consideran necesarios para sostenerse a sí mismos o a sus familias a menudo despiertan facultades que, de lo contrario, permanecerían latentes, y es de todos sabido que las situaciones nuevas y extraordinarias suelen dar origen a intelectos adecuados para contener con las dificultades que encuentran.
Estamos a punto de ser 7000 millones; 9000 para 2045. Esperemos que Malthus no haya errado al hablar favorablemente de nuestra inventiva.


jueves, 3 de noviembre de 2011

PRODUCTIVIDAD INSOSTENIBLE

En teoría económica, uno de los factores clave para el incremento de la productividad es el aporte de la ciencia y la tecnología. En el Perú, si bien en los últimos años se registran avances en el crecimiento de la productividad, estos lamentablemente no se deben,  a este factor.
Es más, ni siquiera contamos con cifras actualizadas sobre cuanto se destina del PBI a la ciencia, la tecnología y la innovación; como si esto fuera poco solo el 2% de la inversión mundial en investigación y desarrollo tiene lugar en los países latinoamericanos y caribeños. El último dato que se tiene certeza es el que consigna la Unesco, que para el año 2007 señalaba que el Perú destina el 0,1% del PBI a la innovación y la tecnología, con lo que ocupa los últimos lugares en la región. Brasil destina 1% del PBI; Chile, el 0,7%; y hasta Bolivia nos  supera con 0,3%.
Todos estos países tienen una definición más clara de políticas públicas para ese fin, además de mayor participación de universidades y empresas. Todo ello está ausente en el Perú, salvo lo poco que puede hacer la Concytec.
Pero no todo es malo se están encendiendo algunas luces. El gobierno decidió darle importancia al tema, el ministerio de Economía y Finanzas (MEF) hace hincapié en el mismo Marco Macroeconómico Multianual la nueva dirección de Ceplan pretende que salga de la marginalida y el Congreso creo la comisión de Ciencia y Tecnología. A nivel de las Universidades se recobró el interés. Es así que algunas instituciones de educación superior han buscado repatriar científicos peruanos y vincular  la educación con el sector empresarial y otras están pasando por la certificación.
Sin embargo, el esfuerzo de las pocas políticas públicas no han tenido la receptividad que se debía esperar. La legislación del canon y las regalías establece asignar recursos a las universidades para el desarrollo de la innovación, pero hay una pobre ejecución de los mismos. Cerca de S/. 750 millones figuran en las cuentas de las universidades públicas que no se han usado. El MEF lo atribuye, entre otras razones, a la falta de incentivos y de vinculación de los centros de educación superior con el aparato productivo.
Ante todo esto la creación de un ministerio de ciencia y tecnología no necesariamente es el mejor remedio para superar el abandono del tema. Por eso ha hecho bien el Gobierno en formar una comisión de expertos para evaluar mejor la conveniencia  de un ministerio; siempre y cuando haya una mejor coordinación de los diferentes organismos públicos vinculados con el tema.
Si bien es importante que la política de ciencia y tecnología se asocie a la mejora de la competitividad del país y al aparato productivo nacional, no es suficiente si no se genera una masa crítica en las universidades.
La próxima CADE tienen como tema central la innovación, por lo que puede ser un punto de encuentro del sector empresarial con el desarrollo de la ciencia y la tecnología para que deje de ser un tema marginal y solo de diagnostico.
Los decentes comprometidos con la formación de cada estudiante debemos de ser capaces de sembrar en  nuestros pupilos la semilla del descubrimiento, de la investigacón e innovación. Formando actores  de una sociedad competitiva.

domingo, 16 de octubre de 2011

REFORZARIA DESDE SU RAIZ LA PROFESION DOCENTE

El problema nuclear de este sistema educativo radica en su modelo de profesor. El profesor de ahora (al que se le han dado programas para capacitarse, incentivos económicos, asensos, etc.) es diseñado desde una perspectiva disciplinaria, básicamente psicológica, y con una fuerte dosis de idealismo; por tanto, se define desde una esfera teórica a priori y externa al mundo escolar, al margen de la práctica (y de los problemas concretos) y de los profesionales (y de la utilidad instrumental del conocimiento). La teoría, pues, engulle el mundo de la profesión. Simultáneamente, la pedagogía idealista (que, erróneamente, se autoproclama utópica) se ensañó con el profesor, en tres frentes: recortar el estatus profesional, reconvertir la identidad profesional, y estigmatizar y culpabilizar al profesor que no cumple.

La consecuencia ha sido un minucioso proceso de jibarización del profesor con la reducción la identidad profesional a

Ø  practicismo (el profesor no piensa los fines de la educación; para eso están los expertos universitarios)

Ø  tecnicismo (predominio de técnicas didácticas: no importa qué se enseña, sino cómo), y

Ø  puro asistencialismo social (eso que el socialismo criticaba a finales del XIX en España).

De cara a poner unas bases sólidas para enrumbar la misión del profesor, tres son las medidas imprescindibles:

1)      Conectar el mundo de los objetivos educativos con el ámbito profesional, para que los proyectos tengan aplicabilidad real. No se puede pensar sobre los fines, objetivos y metas de la educación al margen de actividad profesional. Dicho de otro modo, los profesionales (los profesores) deben pensar la educación.

2)      La comunidad de investigación educativa debe ser interna al cuerpo profesional del profesor. En otras palabras: la investigación debe ser hecha por el mismo profesorado, para que la viva.

3)      Para que el profesor pueda pensar la educación, el estudio y la investigación deben formar parte de la actividad del profesor. Dicho de otra forma: la práctica es solo un elemento de la actividad docente.

Los beneficios de la incorporación del estudio y la investigación en la actividad docente son, entre otros:

Primero, mayor eficacia a la hora de conectar los objetivos educativos con los medios para llevarlos a cabo; esa es la vía para la mejora de resultados escolares.

Segundo: actualización del conocimiento, para que la educación dé respuesta efectiva a las necesidades del presente.

Tercero: si el profesor es capaz de atender a los fines y de proponer medios eficaces, existe capacidad de innovación, de creatividad o de resolución de problemas y, en consecuencia, cabe esperar una auténtica superación de los contextos de partida. Pero, sobre todo, reforzaría desde su raíz la profesión docente, porque atendería de un modo más adecuado a las necesidades del “sujeto” que realiza la acción profesional: el profesor.

La clave es que el profesor lleve a cabo su actividad profesional fundamental y básicamente desde una “instalación personal”. Ello significa que, para que el ejercicio profesional se ejecute de modo “auténtico”, es preciso que el profesional incorpore la profesión en su proyecto vital. Es decir, la profesión es proyecto asumido, tarea buscada y querida. Por tanto, si se desea que la docencia sea ejercida “auténticamente” (esto es, ejercida por profesionales auténticos), es necesario que el sistema educativo ponga las condiciones de posibilidad para eso que he llamo “instalación personal de la profesión” o que el profesor reconozca y asuma su rol en la sociedad (maestrías, diplomados en instituciones de reconocido nivel, tener iniciativa). Al menos en lo que a mí respecta, no veo cómo ello pueda ser posible si se excluye el estudio y la investigación de la acción profesional. A pesar de la relevancia que la vertiente personal tiene en el ejercicio profesional, el discurso pedagógico vigente lo ha dejado de lado, se ha dejado influir más de lo debiera por tres corrientes:

1) el discurso de las organizaciones empresariales (muy unida a técnicas psicológicas de motivación profesional);

2) la absolutización del lema de la enseñanza “centrada en el niño”, y

3) la literatura sociológica sobre el contexto social de la acción.

Frente a la hiperdominancia de estas corrientes, sería beneficioso afirmar que la actividad docente no solo se ejerce desde una mentalidad social o corporativa, ni solo desde unas estructuras organizativas, ni desde técnicas psicológicas de motivación. Porque si la profesión carece de una instalación personal, lo normal es que la mentalidad corporativa y las técnicas psicológicas carezcan o bien de suelo nutricio y basamento, o bien se utilicen para instrumentalizar la actividad (y anulen así la autenticidad y originalidad del docente). La introducción del estudio y la investigación en la profesión docente posibilitaría el florecimiento de las siguientes notas profesionales:

-Vocación, entendida como desarrollo de una genuina instalación personal en la profesión.

-Capacidad de riesgo, innovación y creatividad. ¿Cómo se puede exigir al profesor que se arriesgue a ensayar proyectos, que responda ante las complejidades sociales con creatividad e innovación, sin cultivar la vocación?

-Excelencia profesional. Actualmente, el sistema educativo “excluye” a los intelectualmente mejor dotados. La inclusión de la investigación convertiría la profesión educativa en algo “intelectualmente atrayente”. Además, ¿cómo se le puede exigir excelencia en el ejercicio de su trabajo, si se han eliminado las condiciones que posibilitan el nacimiento y fortalecimiento de la vocación?

-Fruición intelectual. Si la fruición intelectual es un componente esencial de la enseñanza, ¿cómo puede ser transmitida tal fruición en el proceso de enseñanza, si el profesor carece de ella? Y, ¿cómo la puede poseer el profesor sin la investigación?

-Enseñanza como la oferta de propuestas con sentido. La experiencia educativa nos dice que solo es posible ofrecer a los estudiantes propuestas con sentido (educando para la vida), si el profesor está abierto a su mundo y a los problemas vitales del presente; de lo contrario, únicamente se ofrecerían contenidos insustanciales. Ello solo es posible desde el estudio y la acción investigadora, es decir, si el profesor tiene la posibilidad de beber, de primera mano, de las mismas fuentes del saber.

-Autonomía profesional. La inclusión de la investigación en el cuerpo del profesorado contribuiría a proteger la educación tanto de la injerencia política como de los discursos pedagógicos idealistas e ideológicos. Los profesores serían (¡ahora sí!) los responsables principales del progreso o fracaso escolar y, por tanto, estarían sujetos a resultados.

NOTA.-

Jibarización.- Reducir a lo esencial o básico, recortar al máximo.

Fruición.- Goce muy vivo del bien que se pose./ Gusto, complacencia.

miércoles, 31 de agosto de 2011

NO PONGAMOS LA TECNICA POR DELANTE

Cuando tuve diez años de edad estuve a punto de ser atropellado por una aplanadora. Un señor cura que pasaba me salvó con un grito: ¡Cuidado! Retire los pies de la pista. El cura  sin detenerse, me dijo: ¿Ya vio lo que es el poder de la palabra? Ese día lo supe. Ahora sabemos, además, que los mayas lo sabían desde los tiempos de Cristo, y con tanto rigor que tenían un dios especial para las palabras.
 Nunca como hoy ha sido tan grande ese poder. La humanidad entrara en el tercer milenio bajo el imperio de las palabras. No es cierto que las imágenes estén desplazándolas ni que pueda extinguirlas. Al contrario, esta potenciándolas: nunca hubo en el mundo tantas palabras con tanto alcance, autoridad y albedrío como en la inmensa Babel de la vida actual. Palabras inventadas maltratadas, o sacralizadas por la prensa, por los libros desechables, por los carteles de publicidad; habladas y cantadas por la radio, la televisión, el cine, el teléfono, los altavoces públicos, gritadas a brocha gorda en las paredes de la calle o susurradas al oído en las penumbras del amor.
La humanidad entrará al tercer milenio bajo el imperio
de las palabras
No: el gran derrotado es el silencio. Las cosas tienen ahora tantos nombres en tantas lenguas que ya no es fácil saber cómo se llaman en ninguna. Los idiomas se dispersan sueltos de madrina, se mezclan y confunden disparados hacia el destino ineluctable de un lenguaje global.
La lengua española tiene que preservarse para ese oficio grande en ese porvenir sin fronteras. Es un derecho histórico. No por su prepotencia económica, como en otras lenguas hasta hoy, sino por su vitalidad, su dinámica creativa, su vasta experiencia cultural, su rapidez y su fuerza de expansión, en un ámbito propio de diecinueve millones de kilómetros cuadrados y cuatrocientos millones de habitantes al terminar este siglo. Con razón un maestro de letras hispánicas en los Estados Unidos ha dicho que sus horas de clase se le van en servir de intérprete entre latinoamericanos de distintos países. Llama la atención que el verbo pasar tenga cincuenta y cuatro significados, mientras que en la república del Ecuador tiene ciento cinco nombres para el órgano sexual masculino, y en cambio la palabra condoliente, que se explica por sí sola, y que tanta falta nos hace, aun no se ha inventado. A un joven periodista le deslumbra los hallazgos poéticos que encuentra a cada paso en nuestra vida domestica. Que un niño desvelado por el balido intermitente y triste de un cordero, dijo: “Parece un faro”. Que una vivandera de Lima rechazo un cocimiento de toronjil porque le supo a viernes Santo. Don Sebastián de Covarrubias, en su diccionario memorable, nos dejo escrito de su puño y letra que el amarillo es el color de los enamorados. ¿Cuántas veces no hemos probado nosotros mismos un café que sabe a ventana, un pan que sabe a rincón, una cereza que sabe a beso?
Son pruebas al canto de la inteligencia de una lengua que desde hace tiempo no cabe en su pellejo. Pero nuestra intención no debe ser la de meterla en cintura, sino al contrario, liberarla de sus fierros normativos para que entren en el siglo venturo como Pedro en su casa. En ese sentido me atrevería a sugerir, queridos jóvenes docentes, que simplifiquemos la gramática antes de que la gramática termine por simplificarnos a nosotros. Humanicemos sus leyes, aprendamos de las lenguas indígenas -a las que tanto debemos- lo mucho que tienen para enseñarnos y enriquecernos, asimilemos pronto y bien los neologismos técnicos y científicos antes de que se  nos infiltren sin digerir, negociemos de buen corazón con los gerundios bárbaros, los qués endémicos, el dequeísmo parasitario, y devuélvamos al subjuntivo presente el esplendor de sus esdrújulas: váyamos en vez de vayamos, càntemos en vez de cantemos, o el armonioso muèramos en vez del siniestro muramos. Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las hachas rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y la jota, y pongamos mas uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde dice lágrima ni confundirá revólver con revolver, ¿y qué de nuestra be de burro y nuestra ve de vaca, que los abuelos españoles nos trajeron como su fueran dos y siempre sobre una?
Son preguntas al azar, por supuesto, como botellas arrojadas al mar con la esperanza de que les lleguen al dios de las palabras.

viernes, 19 de agosto de 2011

EDUCAR ES UN RIESGO


El motivo fundamental de orientar la educación a los jóvenes es que a través de ellos se reconstruye la sociedad; por eso el gran problema de la sociedad es ante todo la educación de los jóvenes (lo contrario de lo que sucede ahora).
Este es un mensaje a todos los decentes Jeanleblinos y amigos, de lo que encierra el desarrollo de nuestra profesión, misión, y del riesgo que se corre al EDUCAR.
La cuestión principal, en mi opinión, para todos los planteamientos, es la educación: cómo educarnos, en qué consiste y cómo se desarrolla la educación, una educación verdadera, es decir, que corresponda al ser humano. Lanzando al estudiante al descubrimiento:
a)      Para educar es necesario proponer adecuadamente el pasado. Sin esta propuesta del pasado, del conocimiento del pasado, de la tradición, el estudiante crece inconstante o escéptico. Si no hay nada que le proponga privilegiar una hipótesis de trabajo, el estudiante se la inventa de forma irreflexiva, o se vuelve escéptico, mucho mas cómodamente, porque ni si quiera hace el esfuerzo de ser coherente con la hipótesis que se ha construido.
b)      El pasado puede proponerse a los estudiantes solo si se presenta dentro de una vivencia del presente que subraye su correspondencia con las exigencias últimas del corazón. Es decir, dentro de una vivencia del presente que dé las razones de sí misma. Solamente esa vivencia puede proponer la tradición, el pasado. Pero si el pasado no se pone de manifiesto, si no se propone dentro de una vivencia del presente que trate de mostrar sus propias razones, no se puede tampoco obtener la tercera cosa necesaria para la educación: la crítica.
c)       La verdadera educación debe ser una educación en la crítica.
Hasta los diez años de edad (hasta quizás antes) el estudiante puede repetir todavía: “lo ha dicho la profesora,  lo ha dicho mi madre”. ¿Por qué? Porque, por  naturaleza, quienes aman al niño meten en su mochila, sobre sus hombros, todo lo bueno que ha vivido en la vida, todo lo bueno que ha elegido en la vida. Pero, llegado a cierto punto, la naturaleza da al estudiante, el instinto de tomar la mochila y ponérsela delante de los ojos (problema). ¡Tiene que convertirse en problema lo que nos han dicho. Si no se convierte en problema, lo que esa mochila contiene no madurará nunca y se abandonará o se mantendrá irracionalmente!
La crítica consiste en caer en la cuenta de las cosas, no tiene un sentido necesariamente negativo.
Así pues el estudiante mira lo que hay dentro de la mochila y con esta crítica compara lo que ve dentro, es decir, lo que le ha puesto sobre los hombros la tradición, con los deseos de su corazón: porque el criterio último del juicio está en nosotros, de otro modo estaríamos alineados. Y el criterio último que está en cada uno de nosotros es idéntico: es exigencia de verdad, de belleza, de bondad. Más allá de todas las diferencias posibles e imaginables con las que la imaginación puede jugar en torno a estas exigencias, estas permanecen fundamentalmente idénticas, aunque varíen por las connotaciones diversas que tienen las circunstancias de la experiencia de cada uno.
Insisto en una educación crítica: el estudiante recibe el pasado a través de una vivencia presente en la que está implicado, que le propone ese pasado y le proporciona sus razones; pero el debe tomar ese pasado y estas  razones, ponérselas delante, compararlas con su corazón y decir: “es verdad”, “no es verdad”, o “dudo”.
La duda es el término de una indagación, pero un problema es una invitación a comprender lo que tengo delante, a descubrir un bien nuevo, una verdad nueva, es decir, a tener una satisfacción más completa y madura.
Sin uno de estos factores: tradición, vivencia presente, y crítica, el estudiante es como una hoja seca que se lleva el viento, una víctima del ambiente dominante, de sus cambios constantes, de la opinión pública general que crea el poder existente.
Nosotros, los docentes Jeanleblinos queremos liberar a los jóvenes estudiantes, de la esclavitud mental, de la homologación que les vuelve mentalmente esclavos de los demás.
Nosotros, los docentes Jeanleblinos, no estamos en las aulas para que nuestros estudiantes consideren como suyas, nuestras ideas, sino para enseñarles un método verdadero de juzgar las cosas que les vamos a decir. Y las cosas que les vamos a decir son una experiencia que es resultado de un largo pasado de dos mil años y como, a través de hoy, estas se proyectan al futuro.

lunes, 8 de agosto de 2011

¿CRISIS DE LA ENSEÑANZA?

La crisis de la enseñanza no es una crisis de la enseñanza, pues no hay jamás crisis de la enseñanza. Considero que, el problema educativo  anuncia, denuncia una crisis de vida. Basta con enterarse de las noticias, tanto políticas, sociales, de seguridad ciudadana, etc. Para notar la crisis social totalmente desnaturalizada y estas culminan en la crisis de la enseñanza, que parecen parciales pero que son totales. Cuando una sociedad no puede educar, a sus pupilos con amor, es porque no se ama, no se estima.
Entonces, si la crisis de la enseñanza no es una crisis de la enseñanza, es por lo tanto una crisis del educador, entendiéndose como educador a toda persona responsable con brindar formación educativa a niños y jóvenes; es por lo tanto una crisis de confianza en la vida. Es una falta de evidencias ciertas respecto al hombre y su destino y, consecuentemente, una ausencia de creatividad y atrevimiento en hacer  de la enseñanza una ocasión para despertar la inteligencia y la curiosidad de los jóvenes y lanzarlos en esa extraordinaria y apasionante aventura que es el descubrimiento de la realidad.
Una enseñanza deficiente, una rutina pedagógica, un estilo de instrucción que, conscientemente o no, sea pobre en sus metas, son destructivas; arrancan de raíz la esperanza. La mala enseñanza es, casi literalmente, asesina y, metafóricamente un pecado. Disminuye al estudiante, minimiza el motivo de la enseñanza. Siembra en la sensibilidad del estudiante el aburrimiento y el hastío. Millones de personas han matado las matemáticas, la poesía, el pensamiento lógico con una enseñanza muerta y la vengativa mediocridad, acaso subconsciente, de unos pedagogos frustrados que se esfuerzan enrebajar a sus estudiantes a su propio nivel de faena mediocre.
Es cierto que enseñar no es fácil, nunca ha sido fácil y hoy parece ser cada vez más difícil, y esto porque no es fácil establecer relaciones que vayan más allá del interés inmediato o de la formalidad y se dirijan al corazón del estudiante, a su última y más profunda necesidad: comprender quien es, cuál es su dignidad y cual su destino. Educar  con seriedad es poner las manos en lo que tiene de más vital un ser humano. Por esto sabemos que el encuentro con un verdadero maestro es decisivo, y por lo mismo, sabemos también que es algo que no se puede medir y que no tiene otra recompensa que el bien del otro, la alegría impagable de haber ayudado a otro a vivir, ofreciéndole una hipótesis de comprensión de la realidad y un método con que estar frente a ella, sosteniendo su libertad en este proceso; es la gran e insustituible tarea del educador.
Se trata de enseñar a diario, a través de nuestros actos que la vida es positiva, que es camino hacia un destino bueno y como tal es grande útil y vale la pena. Se trata, por lo tanto, de sostener, con constante pasión, la esperanza de los hombres.
Los docentes de la Institución Educativa JEAN LEBLANC, saludan a los Padres de Familia y a la Comunidad, que comparten con nosotros el compromiso de Educar Para la Vida a las nuevas personas de nuestra comunidad.