La crisis de la enseñanza no es una crisis de la enseñanza, pues no hay jamás crisis de la enseñanza. Considero que, el problema educativo anuncia, denuncia una crisis de vida. Basta con enterarse de las noticias, tanto políticas, sociales, de seguridad ciudadana, etc. Para notar la crisis social totalmente desnaturalizada y estas culminan en la crisis de la enseñanza, que parecen parciales pero que son totales. Cuando una sociedad no puede educar, a sus pupilos con amor, es porque no se ama, no se estima.
Una enseñanza deficiente, una rutina pedagógica, un estilo de instrucción que, conscientemente o no, sea pobre en sus metas, son destructivas; arrancan de raíz la esperanza. La mala enseñanza es, casi literalmente, asesina y, metafóricamente un pecado. Disminuye al estudiante, minimiza el motivo de la enseñanza. Siembra en la sensibilidad del estudiante el aburrimiento y el hastío. Millones de personas han matado las matemáticas, la poesía, el pensamiento lógico con una enseñanza muerta y la vengativa mediocridad, acaso subconsciente, de unos pedagogos frustrados que se esfuerzan enrebajar a sus estudiantes a su propio nivel de faena mediocre.
Es cierto que enseñar no es fácil, nunca ha sido fácil y hoy parece ser cada vez más difícil, y esto porque no es fácil establecer relaciones que vayan más allá del interés inmediato o de la formalidad y se dirijan al corazón del estudiante, a su última y más profunda necesidad: comprender quien es, cuál es su dignidad y cual su destino. Educar con seriedad es poner las manos en lo que tiene de más vital un ser humano. Por esto sabemos que el encuentro con un verdadero maestro es decisivo, y por lo mismo, sabemos también que es algo que no se puede medir y que no tiene otra recompensa que el bien del otro, la alegría impagable de haber ayudado a otro a vivir, ofreciéndole una hipótesis de comprensión de la realidad y un método con que estar frente a ella, sosteniendo su libertad en este proceso; es la gran e insustituible tarea del educador.
Se trata de enseñar a diario, a través de nuestros actos que la vida es positiva, que es camino hacia un destino bueno y como tal es grande útil y vale la pena. Se trata, por lo tanto, de sostener, con constante pasión, la esperanza de los hombres.
Los docentes de la Institución Educativa JEAN LEBLANC, saludan a los Padres de Familia y a la Comunidad, que comparten con nosotros el compromiso de Educar Para la Vida a las nuevas personas de nuestra comunidad.
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