El motivo fundamental de orientar la educación a los jóvenes es que a través de ellos se reconstruye la sociedad; por eso el gran problema de la sociedad es ante todo la educación de los jóvenes (lo contrario de lo que sucede ahora).
Este es un mensaje a todos los decentes Jeanleblinos y amigos, de lo que encierra el desarrollo de nuestra profesión, misión, y del riesgo que se corre al EDUCAR.
La cuestión principal, en mi opinión, para todos los planteamientos, es la educación: cómo educarnos, en qué consiste y cómo se desarrolla la educación, una educación verdadera, es decir, que corresponda al ser humano. Lanzando al estudiante al descubrimiento:
a) Para educar es necesario proponer adecuadamente el pasado. Sin esta propuesta del pasado, del conocimiento del pasado, de la tradición, el estudiante crece inconstante o escéptico. Si no hay nada que le proponga privilegiar una hipótesis de trabajo, el estudiante se la inventa de forma irreflexiva, o se vuelve escéptico, mucho mas cómodamente, porque ni si quiera hace el esfuerzo de ser coherente con la hipótesis que se ha construido.
b) El pasado puede proponerse a los estudiantes solo si se presenta dentro de una vivencia del presente que subraye su correspondencia con las exigencias últimas del corazón. Es decir, dentro de una vivencia del presente que dé las razones de sí misma. Solamente esa vivencia puede proponer la tradición, el pasado. Pero si el pasado no se pone de manifiesto, si no se propone dentro de una vivencia del presente que trate de mostrar sus propias razones, no se puede tampoco obtener la tercera cosa necesaria para la educación: la crítica.
c) La verdadera educación debe ser una educación en la crítica.
Hasta los diez años de edad (hasta quizás antes) el estudiante puede repetir todavía: “lo ha dicho la profesora, lo ha dicho mi madre”. ¿Por qué? Porque, por naturaleza, quienes aman al niño meten en su mochila, sobre sus hombros, todo lo bueno que ha vivido en la vida, todo lo bueno que ha elegido en la vida. Pero, llegado a cierto punto, la naturaleza da al estudiante, el instinto de tomar la mochila y ponérsela delante de los ojos (problema). ¡Tiene que convertirse en problema lo que nos han dicho. Si no se convierte en problema, lo que esa mochila contiene no madurará nunca y se abandonará o se mantendrá irracionalmente!
La crítica consiste en caer en la cuenta de las cosas, no tiene un sentido necesariamente negativo.
Así pues el estudiante mira lo que hay dentro de la mochila y con esta crítica compara lo que ve dentro, es decir, lo que le ha puesto sobre los hombros la tradición, con los deseos de su corazón: porque el criterio último del juicio está en nosotros, de otro modo estaríamos alineados. Y el criterio último que está en cada uno de nosotros es idéntico: es exigencia de verdad, de belleza, de bondad. Más allá de todas las diferencias posibles e imaginables con las que la imaginación puede jugar en torno a estas exigencias, estas permanecen fundamentalmente idénticas, aunque varíen por las connotaciones diversas que tienen las circunstancias de la experiencia de cada uno.
Insisto en una educación crítica: el estudiante recibe el pasado a través de una vivencia presente en la que está implicado, que le propone ese pasado y le proporciona sus razones; pero el debe tomar ese pasado y estas razones, ponérselas delante, compararlas con su corazón y decir: “es verdad”, “no es verdad”, o “dudo”.
La duda es el término de una indagación, pero un problema es una invitación a comprender lo que tengo delante, a descubrir un bien nuevo, una verdad nueva, es decir, a tener una satisfacción más completa y madura.
Sin uno de estos factores: tradición, vivencia presente, y crítica, el estudiante es como una hoja seca que se lleva el viento, una víctima del ambiente dominante, de sus cambios constantes, de la opinión pública general que crea el poder existente.
Nosotros, los docentes Jeanleblinos queremos liberar a los jóvenes estudiantes, de la esclavitud mental, de la homologación que les vuelve mentalmente esclavos de los demás.
Nosotros, los docentes Jeanleblinos, no estamos en las aulas para que nuestros estudiantes consideren como suyas, nuestras ideas, sino para enseñarles un método verdadero de juzgar las cosas que les vamos a decir. Y las cosas que les vamos a decir son una experiencia que es resultado de un largo pasado de dos mil años y como, a través de hoy, estas se proyectan al futuro.
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